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La comunicación oral y escrita en el
proceso educativo.
Todo tipo de educación se basa en la
comunicación, en el lenguaje, que es el que asegura el intercambio durante el
proceso de enseñanza y aprendizaje y el instrumento que el estudiante utiliza
para organizar su realidad interior y exterior. En este caso el diálogo debe
ser constante entre docente y disidente, ya que ambos poseen dos funciones
enriquecedoras.
Por la comunicación se hace posible
la actualización y el enriquecimiento del hombre.
<<Parafraseando a Germani
podemos señalar que el individuo como persona autoconsciente solo es posible
sobre la base de su pertenencia a un contexto social caracterizado por el
intercambio de mensajes>>
La educación es un proceso complejo y
global del que la educación es parte y en el que el lenguaje verbal es solo un componente
más, aunque el más significativo y eficaz para el ser humano. Dentro de la
comunicación verbal, la oral merece en las instituciones educativas una
especial atención, no solo porque su frecuencia de uso en la escritura lo
aconseja así, sino porque la falta de sistematización de los procesos de
enseñanza y aprendizaje exige un innovador esfuerzo en cuanto al rigor
metodológico para el diseño de materiales didácticos específicos y para la
concreción de instrumentos de
evaluación. Esta exigencia de enseñanza-aprendizaje se justifica con facilidad,
ya que la preparación de los alumnos
para insertarse en una sociedad democrática reclaman una iniciación práctica en
la toma de la palabra, el diálogo y la escucha. El bebé se embriaga con los
sonidos y luego con las palabras, las saborea, las repite, ajeno aun a
significados dentro del sistema fonológico de su lengua.
El hombre es un ser naturalmente
conservador. Todo ser humano habla, copiosamente, y esto aparece como
perfectamente natural. Paradójicamente, la enseñanza de las lenguas constituye
la actividad educacional más difundida en el mundo y también la más exigente,
la más ingrata y también la que con frecuencia fracasa.
Educarse implica generar el cambio,
ya que si no existe cambio no hay educación, y éste es posible a cualquier
edad, aunque cada una tenga sus características.
El código oral y el código escrito
presentan características diferentes y deben trabajarse atendiendo a su
especificidad. <<Según Peytard , J., La lengua hablada se toma como sinónimo
de lengua popular o familiar y la lengua escrita como sinónimo de lengua
cultivada, literaria, etc.>>
En la mayoría de los casos el
discurso oral se ofrece a la audición colectiva, el escrito lo hace a la
recepción privada. El domino de uno de los códigos no garantiza el del otro,
por lo tanto, para ambos aprendizajes deben realizarse distintas actividades.
El uso de imágenes resulta positivo en las clases de lengua oral.
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La palabra, esa música articulada.
Los discursos orales se parecen a la
música, pues son una cadena de sonidos articulados. La palabra no sólo expresa
lo que se quiere decir, sino lo que se es. Por ello los docentes deben cuidar
su aparato fonador.
Los sonidos del lenguaje son
producidos por la acción que ejercen uno o varios órganos del aparato fonador sobre la corriente de
aire que circula a través de ellos.
Según investigaciones recientes, las
cualidades de la voz y no sólo del discurso, transmiten hasta un 38% del
significado que el receptor recibe. La voz es el instrumento de la comunicación
oral que se caracteriza por diversos componentes; por ello es importante
valorarla como rasgo personal y como vehículo de relaciones interpersonales.
El adecuado uso de la voz permitirá
que los discursos sean fácilmente comprendidos, por ello deben de emitirse con
la correcta intensidad y alcance; además, la articulación tiene que ser clara y
distinta, ya que todos los sonidos deben pronunciarse con precisión.
La voz afecta fisiológicamente a
quien la emite y la escucha, por eso:
o
Si
se habla rápido, es probable que a
quien la escucha se le acelere el ritmo cardiaco, le aumente la adrenalina y la
respiración se haga superficial.
o
Si
se le grita a otra persona, es
probable que a esta le suba la presión sanguínea.
o
Según
Elsea, J.G. hablar con calma, con voz lenta y tranquila, hace que las
relaciones físicas correspondan al tono de voz.
Los sonidos se caracterizan:
- La
frecuencia, que es el número de pulsaciones ocurridas en una unidad de tiempo.
- El
tono, que depende de la frecuencia y que es la cualidad por la que se
distinguen los sonidos graves.
- El
timbre, que permite diferenciar sonidos del mismo tono e intensidad pero
emitidos por fuentes distintas.
- La
intensidad, que es la cualidad de los sonidos que permiten distinguir los
fuertes de los débiles.
Perello J. y otros exponen que para educar la voz se deben
tener en cuenta algunos consejos y se pueden llevar a cabo múltiples
ejercicios. Para llevarlos a cabo conviene estar de pie, con los pies
ligeramente separados y el peso del cuerpo distribuido de manera equilibrada,
manteniendo los músculos relajados. Con el fin de dar fuerza y elasticidad a
las vocalizaciones.
Todo mensaje verbal puede actualizarse fónica o gráficamente
. en cada caso la codificación se realiza con materiales distintos y las
situaciones también serán diferentes. Por ejemplo la lectura en voz alta, que
implica la descodificación visual de un texto escrito y la actualización oral
de éste, lo que la diferencia de la lectura “silenciosa” y de la manifestación
oral. De tal manera que si un hablante tiene que contarla misma historia
oralmente o por escrito, lo hará mediante un discurso con diferentes rasgos.
Por eso también deben diferenciarse los tipos de actividades en el aula de
acuerdo con las destrezas que se pretendan desarrollar, pasando desde la
lectura en voz alta de un texto escrito, al comentario oral sobre el mismo,
descripción oral de un objeto o persona, narración oral de un acontecimiento
vivido o supuesto, etc.
Conviene realizar actividades conceptuales, de comprensión y
producción, de análisis y valoración pero también hay que atender al dominio de
los componentes extralingüísticos, para lo que es útil valorar la función de la
mirada, de los gestos faciales, de los movimientos de las manos, indicar con
gestos cuestiones como silencio, despedida, respetar con gesto lo contrario de
lo que se dice oralmente, expresar mediante mímica alegría, tristeza, miedo,
sorpresa, etc.
Hay que saber que, una voz aguda sugiere alegría, exaltación
…, una voz media sugiere serenidad, cortesía …, una voz grave, amenaza,
tristeza …. Con respecto a la intensidad, la voz plena manifiesta decisión,
orgullo …, mientras que el murmullo expresa timidez, pasividad …, mucha
velocidad implica prisa, impaciencia y la lentitud, pereza, tristeza,
indiferencia.
Por desconocimiento o por desinterés, muchos docentes no
<<enseñan a hablar ni a escuchar>>, creen que por proponer o
permitir algunos debates o exposiciones en clase y corregir ciertos errores
articulatorios, sintácticos o semánticos ya han cumplido con los objetivos de
la comunicación oral. Otros se obsesionan con las correcciones lingüísticas,
olvidando que la competencia comunicativa implica mucho mas que conocer y
manejar la norma, ya que mediante el lenguaje se trasmite no sólo lo que
sabemos, sino lo que somos, pues se hace patente la persona entera: <<La
lengua oral es la comunicación diaria, vital, permanente>>.
Comunicarse en nuestra lengua significa comunidad.
Para que haya comunicación es necesario que cada individuo
sepa comunicarse, compartir sus intereses, gustos, sentimientos, conocimientos.
La base que fija los lazos comunicatorios es la lengua, y en especial, la
lengua oral.
Todo enseñante debe
saber que el mismo contenido se adquiere mejor si se aprende de diversas
maneras a la vez.
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La comunicación oral, base
fundamental en la educación de niños, adolescentes, jóvenes y adultos.
En el transcurso de Educación Infantil, resulta
imprescindible un adecuado tratamiento del lenguaje oral , para lo que es
necesario un clima de cariño y confianza que facilite la comunicación. El
trabajo escolar de la compresión y expresión oral tiene la ventaja de poder ser
tratado mucho antes de que el niño
aprenda a leer y escribir.
Juguetes como teléfonos, títeres …, permiten que el niño se
adiestre en la competencia comunicativa oral y pueden motivar actividades muy
productivas en la clase, así como el describir objetos detalladamente,
responder a preguntas muy complejas, inventar historias, simular llamadas
telefónicas, etc.
Lo importante en estas
edades es que los pequeños se relacionen y se comuniquen con otros niños y con
los adultos.
Hay que tener en cuenta, que la forma en que se habla al
niño, la manera con que se le estimula para que se comunique con los demás,
influye en sus actitudes y destrezas verbales y cognitivas; por eso, es
importante mentalizar a los padres en relación con la importancia de los
aprendizajes comunicativos familiares.
Una de las primeras responsabilidades de los educadores y
adultos, es llevar a cabo conductas verbales que les permitan adquirir a los
niños y niñas los patrones lingüísticos pertinentes, ya que en muchos casos, no
es tanto que los alumnos desfavorecidos desconozcan el lenguaje cuanto que no
poseen experiencia de cómo usarlo, pues no suelen tener la oportunidad de ser
oídos.
Considerando las diferencias que los niños pueden tener en el
dominio del lenguaje, el tratamiento didáctico de la lengua debe basarse en
estrategias individualizadas, ya que, probablemente todos los niños requieran
intervenciones especificas. Para ello es importante la creación de un clima
relajado de aceptación y respeto, en el que la comunicación sea libre y no
producto de presiones.
La velocidad con la que los niños desarrollan el lenguaje es
diferente pero hay que tener en cuenta que un bebe no aprende rápidamente a
hablar si nadie interactúa verbalmente con él. En este sentido, lo que el niño
aprenda a hacer con el lenguaje en su hogar, le facilitara o dificultara sus
experiencias escolares.
Así los pequeños adquieren el lenguaje oral oyendo y
conversando con los adultos de manera que en la escuela cabe perfeccionar esas
destrezas utilizándolas y reflexionando sobre ellas.
La adquisición del lenguaje es un comportamiento social en
cuanto depende de las interacciones con los demás. Inicialmente, aunque el niño
habla con los otros, lo hace como para sí; sin embargo, alrededor de los 7 años
empieza a darse cuenta de que las experiencias de los demás pueden ser
distintas a las suyas y que deben dar información complementaria para que
entiendan sus puntos de vista, es decir, que comienzan a tener en cuenta a sus
interlocutores. De esta manera llegara a beneficiarse de la experiencias de los
demás, es decir, que adquirirá conocimientos a través de charlas con otras
personas.
Niños y niñas inician muy tempranamente una comunicación
“prelingüística” que pasa por el “gorjeo” y el “balbuceo” hasta llegar a
estadios claramente lingüísticos: la riqueza fonética del “gorjeo” cede y se
pasa a una restricción fonológica.
A los 3 y 4 años los niños comenten muchos errores
lingüísticos pero generalmente lo van superando, de forma que a los 7 u 8 años
hablan casi como los adultos que les rodean. Hacia los 11 años comprenden el
significado de “porque”, “entonces”, “si”…, y ya han adquirido un amplio
vocabulario.
A lo largo de este proceso, los profesores deben estar
atentos para reforzar los aspectos positivos, corregir los errores y enriquecer
las pobrezas verbales. Para ello, hay que conocer la secuencia evolutiva de la
compresión y la expresión.
No hay que olvidar que: <<el habla infantil va ligada a
la acción, y salta del sujeto al verbo sin detenerse en las cualidades de las
cosas>> (GILI GAYA, S.). Luego, según se va alcanzando la adolescencia,
se descubren y usan las posibilidades de la adjetivación.
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La comunicación oral implica dos tipos de aprendizajes. Por
un lado, el que hace referencia al dominio instrumental de la lengua y por
otro, el que conlleva la compresión/expresión positiva de vivencias,
sentimientos o pensamientos. Estos dos aprendizajes pueden enseñarse mediante
la frecuencia de discursos modélicos.